Venderse
Cuando era pequeña quería trabajar en una mercería vendiendo medias, calcetines y botones. También en una farmacia, pero solo recortando los códigos de barras de las cajetillas de medicamentos con un cúter. Luego quise ser cocinera, fotógrafa, informática, directora de cine y algo de tiempo después, editora. Pero nunca quise trabajar en cosas que tuvieran que ver con el marketing o en un sitio en el que estuviera muy expuesta. Aun así, es de lo que he terminado «trabajando» después de publicar la novela.

Al principio, antes de tener un primer manuscrito siquiera, estaba convencida de que no haría presentaciones y de que intentaría mantenerme un poco al margen. Siempre he desconfiado de las redes sociales. No me gusta que me hagan fotos y, si me las hacen, no me gusta compartirlas. Tampoco me gusta compartir cosas personales o de trabajo. Siempre he ordenado mi vida en compartimentos estancos y es así como me gustaría que siguiera siendo. Pero cuando entregué la novela, algo empezó a cambiar. Me alegré de tener a un puñado de seguidores en Substack, otro en Instagram, de haber hecho una web a principios de año y lamenté que Twitter se hubiera ido al carajo. Le pedí a mi amiga Erica Fustero que me hiciera fotos por si algún periodista las necesitaba (jaja), preparé un fanzine para regalar durante la preventa del libro y cuando visité la tienda de Juguetes Rubio en Barcelona el pasado mes de julio, compré unos muñequitos de plástico para regalarlos en las presentaciones. De hecho, el día de la primera presentación de Cosita en la librería Llavors de L’Hospitalet de Llobregat, además de esos muñecos, llevé una tarta con la cubierta del libro impresa en una oblea comestible que luego coloqué en la tarta en cuestión. Todo el evento en sí me daba un poco de apuro porque no me gusta ser el centro de atención, pero lo hice pensando en… mi… futuro… quiero poder seguir escribiendo y que me paguen por ello (aunque lo que me paguen no me permita vivir de ello). Y es un poco frustrante y cansado dedicar tu tiempo a algo que en absoluto tiene que ver con la escritura pero de lo que depende la escritura en tiempos como estos (ew).
Los últimos meses he dedicado gran parte de mi día a pensar en los escritores, o artistas, que se pueden permitir el lujo de no exponerse y que ni siquiera son conscientes de que hay personas que necesitan promocionar su propio trabajo (!!!). Tiene que ser tan liberador limitarse a escribir. Pero en plan, limitarse a escribir, sin tener que trabajar mientras lo haces, sin tener que preocuparte después de haberlo hecho. Podría pasar sin comprar muñecos, sin hacer presentaciones, sin subir historias a mi cuenta de Instagram, sin hacer publicaciones sobre el libro, sin escribir sobre ello en Substack como estoy haciendo ahora, sin pensar en qué hacer para que el libro no caiga en el olvido a las pocas semanas de que haya llegado a las librerías, sin tener que esperar un email o sin estar pendiente de las notificaciones de Instagram (de Goodreads ya no estoy pendiente).1 También he pensado muchísimo en si aventurarme a escribir otra novela, porque ello implicaría volver a sacrificar el poco tiempo libre que tengo y varios, muchos, fines de semana. Pero luego recuerdo lo bien que me lo paso inventando, escribiendo, lo emocionante que resulta cuando un día se da bien y escribo algo que no odio (algo que puede cambiar al día siguiente, pero por lo menos ese momento que dura segundos es precioso). Le decía a Carmen Casanueva el otro día, mientras preparábamos por Google Meets la presentación de este viernes de Cosita en la librería Pérgamo, que tenemos el deber –aquí solté una pequeña carcajada por el peso de la palabra– de seguir intentándolo, de seguir escribiendo. Si no lo hacemos nosotras lo harán los que tienen el privilegio de no tener que romperse la cabeza pensando en ideas para promocionar su trabajo, los que no tienen que currar de otra cosa para poder seguir escribiendo y pueden publicar una novela al año. Odio venderme, odio profundamente exponerme, pero me encanta escribir y estoy muy orgullosa de lo que he hecho, también de lo que estoy intentando hacer para poder seguir haciendo lo que más me gusta. Es lo que hay.
Abrazos,
Alba G. Mora
Como decía, este viernes estaré en Madrid con Carmen Casanueva. Llevaré, cómo no, fanzines, muñecos y una tarta muy muy especial que ha preparado mi amiga Dalila Virgolini para la ocasión. Y ojo, que a finales de noviembre estaré en Valencia (¡te lo cuento pronto!).







Gracias por tu sinceridad, Alba. Trata de ver la promo como lo que es (además de una necesidad del mercado editorial 👹): una fiesta. Lo has conseguido. Permítete disfrutar 🌸
es agotador!!!! y últimamente me cabrea mucho. ❤️ aquí estaremos p apoyarte mientras lo sigas intentando!!!!!!!