Reescribiendo sin querer
Cuando lees un libro lo reescribes, cuando miras fotos reescribes una historia y cuando te encuentras con un libro por casualidad, también hay algo que estás escribiendo o reescribiendo. En realidad, estamos reescribiendo todo el rato. Tres jueves atrás estaba triste y acudí a mi dealer habitual de fotos antiguas. Llevaba tiempo sin meterme en su tienda online, pero estaba a punto de cobrar. Después de mirar los lotes y álbumes que ya se habían vendido, di con uno que pintaba bastante bien: ÁLBUM O DIARIO DE VIAJE. *Suspiros*.
Vi algunas de las fotos que adjuntaba mi amigo y antes de llegar a la última, lo compré. Llegó cinco días después y las fotos de las fotos no le hacían justicia a las fotos ni al álbum (que se parece un poco al Necronomicrón de Evil Dead). En él aparecen fotos, tickets, servilletas y recortes del viaje que dos amigas *suspiros* hicieron por España en 1965 durante los meses de mayo y junio. Después de diez días de viaje, llegaron a Barcelona desde Hannover un 15 de mayo. Estuvieron en: Castelldefels, Sitges, Tarragona, Calatayud, Zaragoza, La Almunia, Madrid, Boceguillas, Burgos, Santander, Bilbao, San Sebastián, Vitoria, Tudela y Aduna. Hay una servilleta de una churrería llamada La Palma en Lleida, una cafetería de Zaragoza llamada Gambrinos y una pensión llamada… El Descanso. En 1965 la plaza de La Cibeles era más bonita que ahora y en un sitio llamado Pizzeria Napoletana conocieron a Xavier y a Joaquim, unos chicos que se hacían llamar «Los Canarios». La foto que acompaña esta entrada del diario me encanta porque una de ellas tiene la misma cara de asco que tendría yo si estuviera sentada a la mesa con un tío que toca la guitarra:
Por lo visto los tipos les enseñaron la canción de los sanfermines y por suerte ahí quedó todo porque ya no vuelve a haber rastro de ellos. ¡Bravo! Después más servilletas de cafeterías y chocolaterías, mi favorita es una llamada TROPEZIENS que estaba en el número 83 de Passeig de Gràcia en Barcelona (ahora en ese mismo sitio hay… suites para turistas). El álbum termina con una foto de una de las amigas fumándose un cigarro en la cama y sosteniendo una jarra que aparece después con unos muñequitos de barro de la época. Me pregunto, como siempre me pregunto, si alguna de ellas llegaría a pensar en el futuro de este álbum y en quién decidió que no era importante y tomó la decisión de desprenderse de él (alguien que ameniza veladas con una guitarra, probablemente). La vida de los libros, cómo damos con ellos, da para otras historias paralelas a la de los propios libros y me parece la cosa más emocionante del mundo porque la creación sigue en marcha aunque hayas dado algo por terminado.
La semana pasada, después de presentar Cosita en la librería Bartleby de València con Javier Pérez Alarcón, se me acercó una pareja para decirme que habían encontrado mi libro en una tienda de vinos de Requena (sueño cumplido). Ella le regaló el libro a él porque era su cumpleaños. Durante toda la presentación les vi sonreír mucho y cuando se acercaron para que les firmara, él me dijo que le había hecho ilusión la mención a David Lynch porque había visto Cabeza borradora diecisiete veces. Cuando abrí el libro vi el tíquet de compra de la tienda: Cosita y una bolsa de patatas. Me emocioné tantísimo… No me conocían de nada y de repente van a comerse unas patatas y dan con el libro de una tía que también ha visto tropecientas veces Cabeza borradora. También se me saltaron un poco las lágrimas cuando un par de días después fui a la presentación de Un conjuro de Paula Melchor en Barcelona y la escuché decir cosas preciosas durante un buen rato (y al día siguiente de nuevo, pero comiendo ensaimadas en un sitio de esos que dentro de unos años serán suites para turistas). Ahora estoy terminándome su libro, poco a poco, porque me da pena que se acabe, y me alegro de que las historias no se queden solo en los libros y que sigan viajando aunque nosotras no lo hagamos. Me encantaría saber dónde terminarán todos esos libros que dedicamos y firmamos y este álbum de fotos de dos amigas de Alemania que atesoro como si fuera un álbum de mis vacaciones. Cómo llegan los libros a las personas da para otro libro.
Espero volver pronto,
Alba G. Mora
Pero si no vuelvo pronto, te dejo con esto que escribí para Las entrañas del texto, la web maravillosa de María Sánchez. Hay otro buen puñado de fotos (esta vez mías) y cuento la historia de un encuentro que me ha hecho conocer a la que hoy es mi mejor amiga.
Ahora sí, espero que nos veamos pronto,
Alba G. Mora








Ay, ese álbum! Respingo, calambre en la espalda, nudo en el corazón. Yo tengo uno casi igual, tal vez todas tengamos uno de esos. Es tristísimo ver cómo todo eso que esas dos amigas vivieron y que en su momento parecería tangible, realísimo, infinito, es triste ver como todo, los moscones de churrería también, se acabó. Es bonito, sin embargo, ver esa historia en tus manos y bajo nuestros ojos, ver cómo de alguna forma el pasado se estira y se transforma, nos da abrigo incluso. Yo me he sentido calentita leyendo tu post. Ahí dejo eso.
Me ha encantado, pero… seguro que eran amigas? 😉 jajajaja