Selfies
En el avión había una chica joven que se hacía selfies compulsivamente. Se hacía uno, yo me escondía porque estaba detrás de ella, y después abría Chat GPT para preguntarle algo. No llegué a leer el qué exactamente, solo alcancé a ver una respuesta: «4) [emoji de sol + emoji de corazón] Cuba». ¿La estaría enviando a Cuba? ¡¿Estaría Chat GPT enviando a la gente a Cuba?! La cantidad de selfies que se hizo me dejó bastante loca, también la cantidad de preguntas, aunque entiendo que surjan antes de que despegue un avión. Más tarde la vi comprando wifi y seguir a lo suyo. Posaba de muchas formas aunque todas las fotos me parecieran la misma. Me costaba apartar la vista de su móvil. Al aterrizar, pasó por encima de una señora y le dijo a su novio que le esperaba fuera. Creía que viajaba sola.
La cosa es que me da un poco igual lo que haga la gente: ¡no juzgo, solo observo! Y a veces cruzo los brazos en señal de desaprobación, pero ya está. Días después de todo aquello vi que yo también solía hacerme muchos selfies hace años. Lo vi porque tuve que borrar casi todas las fotos que tenía en el móvil por falta de espacio (las importantes, si es que había en el móvil, las guardé, aunque las importantes de verdad las hago con la analógica o con la digital compacta). Tenía selfies después de la peluquería, en el sofá del piso diminuto en el que viví sola unos años, en el espejo del comedor, en el de la habitación y en el del baño. ¿Por qué me hacía tantos selfies? ¿Por qué no me hago selfies ahora? ¿Me gustaba más o menos? ¿Se gusta la gente que se hace selfies? ¿O lo hacen porque necesitan validación? No tengo respuesta a ninguna de estas preguntas y es probable que alguien ya haya sacado un ensayo sobre el tema, tampoco lo sé, lo siento. Nunca subí ninguna de esas fotos a mis redes, como mucho se las enviaba a alguien con quien me estaba viendo en ese momento (¡auxilio!). Pero me dio mucho pudor verlas, la verdad, también miedo porque no me reconocía en ninguna de ellas. Estoy pensando en voz alta, pero no del todo porque esto de los pensamientos también me da pudor y no voy a compartir por aquí cualquier cosa, lo siento de nuevo. Lo que sí diré es que hace unos años, cuando me hacía selfies, me tuvieron que operar y me tocaron un poco la simetría de la cara. Estaba segura de que después de aquello iba a hacerme fotos hasta borrarme la cara, pero no. La mente humana, quién la entendiera. Aun así, el cirujano que me operó, me contactó hace poco para pedirme permiso para publicar las fotos del antes y el después en su web. Le dije que ok antes de mirar las fotos siquiera. Cuando lo hice, me planteé volver a cortarme el flequillo, pero creo que sería un error. En los selfies me quedaba bien, en la realidad estaba estirándome del flequillo para que me creciera rápido.

Por último, diré que en Berlín, este fin de semana pasado, habían muchas cosas en marcha y me crucé con mucha gente que estaba contenta en su pellejo (creo que toda la gente que está contenta en su pellejo se muda allí, también los que están extremadamente descontentos, por eso es una ciudad loquísima y en absoluto mi favorita). Envidio a los contentos, ¡espero que sea así realmente y que nadie esté estirando de ninguna parte para que crezca nada! Yo por mi parte, le envié un selfie a mi madre haciendo una mueca y con el mensaje: «¡hace sol, pero yo tengo frío!». Ella me respondió con una ¿foto? ¿un dibujo? de un mono generado con IA y de una Coca-Cola que se estaba tomando al sol. En fin, basta de pensamientos por hoy. Espero que la muchacha esté bien y se espere un poco para ir a Cuba.
Abrazos sinceros,
Alba G. Mora.




Estos días pienso mucho en eso, en los selfies, en la costumbre de mirarnos frente a un móvil y reconocer no se sabe muy bien qué. En lo poco especial que parece ya retratarse a una misma porque salimos todas inertes ante una cámara que sujetamos nosotras en la posición que creemos mejor para reflejar un segundo nuestra seguridad momentánea.